jueves, 4 de abril de 2013

Rudy



El tren se movía despacio. Estaba lleno de gente amontonada. La pequeña Mischke se encontraba en una esquina agazapada, agarrando con fuerza a su peluche. Miró a una mujer mayor, que tenía la mirada perdida, sin fuerza. Decidió hablarla, para animarla un poco.
-Se llama Rudy- dijo la pequeña refiriéndose a su peluche- lo hice yo misma, con los restos de una camiseta vieja. Lo llené de arena. Los ojos son dos botones de una camisa ¡Cómo se enfadó mi madre al ver que los había descosido! Pero no dejé que me los quitara. También le puse mi colgante, a mi me molestaba, pero a él le queda muy bien, ¿Verdad?
La anciana miró a Rudy. Hecho de tela marrón, con unos ojos de botón desgastados y una sonrisa de hilo ennegrecido. Una patita era más larga que la otra, y los brazos muy gordos en proporción al cuerpo. Lo único que brillaba, era el pequeño colgante dorado. Luego miro a la niña, de ojos y pelo oscuro, con la mirada asustada, llena de incomprensión. Lo más probable es que no supiese a donde iban. Le dedicó una sonrisa triste a la pequeña.
De pronto abrieron las puertas del tren, y la gente salió como granos de arroz salen de un saco roto. Unos hombres vestidos de marrón, que no paraban de gritar, les ponían en fila y golpeaban. Luego pasaban uno por uno, y les dirigían a diferentes lugares.
Cuando uno de los hombres de marrón llegó a Mischke, miró con desprecio a su peluche.
-Dámelo- la exigió.
Como toda respuesta, la pequeña le dedicó su mirada de incomprensión y miedo. Eso enfadó al hombre de marrón.
-¿¡Eres tonta?! ¡Dame ese horrible muñeco! – lo agarró y tiró de él, la niña se defendió.
-¡No! ¡Déjelo, es mío!
El hombre de marrón la soltó, sacó su pistola. El cuerpo inerte de Mischke cayó al suelo, con el bracito de Rudy aun entre sus pequeños dedos. Dos lágrimas saladas corrieron por las arrugas de la anciana del tren.
Ya, por fin, aquel hombre que disparó a una niña por un juguete, pudo quitárselo de las manos. ¿Qué haría ahora con Rudy? Pensó en tirarlo, pero se fijó en el colgante dorado de su cuello de tela, y se le ocurrió una idea mejor.
Abrió la puerta de su enorme casa.
-¡Ya estoy aquí!- anunció en la entrada.
Una mujer con un brillante pelo rubio y unos ojos intensamente azules llegó a saludarle.
-Hola cariño- le besó en los labios.
-¿Dónde está Klaudia? Le he traído algo.
La bella mujer le miró con preocupación mal disimulada.
-Vamos. Le replicó él- sólo es un muñeco.
Ella señaló escaleras arriba. Él llegó al cuarto de Klaudia. En las estanterías de su habitación había flamantes muñecas de porcelana, con ojos brillantes y cabellos sedosos, perfectamente peinados.
-Hola cariño- le dijo a su hija – te he traído una cosa.
Le tendió a Rudy. La niña lo miró con asco.
-Pero papá, es muy feo, no lo quiero, tíralo.
El hombre sonrió.
-Que torpe soy, tienes toda la razón. No te preocupes mi amor, ahora mismo me desharé de él.
Se dio la vuelta para salir de la habitación.
-Espera- Dijo Klaudia de pronto.
Su padre la miró extrañado ¿Acaso se iba a apiadar de Rudy?
-Déjamelo un momento.
Lo cogió con cuidado, no por delicadeza, sino por su propia integridad, como si tuviese miedo de que lo contagiara cualquier horrible enfermedad. Miro el colgante dorado que colgaba de su cuello y lo quitó.
-Esto si lo quiero.
El padre sonrió de nuevo.
-Muy bien.
Su madre llevaba un rato apoyada en el marco de la puerta, con su mal disimulada preocupación.
-Pero hija… no es tuyo, es del muñeco.
-¿Para qué querría un bicho tan feo una cosa tan bonita?
-Tiene razón- cada vez sonreía más orgulloso su padre.
Salió de la casa al contenedor más cercano, y  arrojó con asco el cuerpo de Rudy, en el que ya no brillaba nada. El muñeco, más desamparado que nunca, miraba a su alrededor con sus ojos de botón desgastados y su sonrisa de hilo ennegrecido, una sonrisa triste, como la de la anciana del tren

viernes, 8 de marzo de 2013

Ellas


La Felicidad, la Alegría, con su Sonrisa, con su Risa, en los momentos más difíciles, cuando más lo necesitan los suyos. Amor  y Corazón, grandes, inmensos como el mundo mismo. La Fuerza, para soportar una sociedad en su contra, para soportar más peso del que su espalda está preparada a soportar, para dar un paso adelante cuando el cuerpo pide derrumbarse. Consuelo, siempre que es necesario, siempre que las lágrimas corren. Cuando más oscuro está tu alrededor, la Luz que ilumina la vida. La Esperanza, la que nunca se pierde, la que te guía en un camino lleno de obstáculos, lleno de trampas. Siempre ahí, Ilusión, para disfrutar, para vivir cada momento, por pequeño, por insignificante que sea. Lucha, para resistir, para revolverse, para no conformarse, para buscar siempre la verdadera Justicia.
Desde Europa, Asia, África, América, Oceanía, ayudando a que el mundo gire, levantando el mundo, la Tierra.
Y al final del camino, al final de la búsqueda del sentido de nuestras vidas, siempre ahí, la Libertad.
Porque en esta vida, muchas de las cosas más importantes e indispensables tienen nombre de mujer, por las madres, abuelas, tías, hermanas, amantes, amigas, trabajadoras, por todas ellas, por todas nosotras. Felicidades mujeres, y gracias, hoy y todos los días.
 
8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer

jueves, 25 de octubre de 2012

La Puerta



Abrió los ojos y se encontró en medio de una puerta entornada. Confundido, siguió el impulsó que le dictó un bombeo de sangre y la cerró rápidamente, quedándose a uno de los lados, sujetando con su cuerpo la puerta. Al poco, empezaron a oírse golpes y gritos desde el otro lado, pero él no dejó que la puerta se abriera, sujetándola firmemente. De pronto, una figura apareció en el fondo de la sala en la que se encontraba. Fina, delicada, perfecta, etérea, como toda la sala, blanca y reluciente. Los gritos y golpes del otro lado seguían sonando, pero sus oídos habían dejado de oírlos, y todos sus sentidos se centraron en la etérea figura que se acercaba desde el fondo de la habitación. El corazón aceleraba su ritmo con cada paso que ella daba. De pronto, dos cintas cayeron del techo hasta quedar casi rozando el suelo. Finas, pero fuertes, parecían de la más extraordinaria de las sedas, tan divinas como todo lo que le rodeaba en aquel lugar, que ¿Por qué no? Bien podía ser el cielo. Ella llegó al centro de la sala y agarró las cintas con las dos manos, enrollando, con pasmosa delicadeza, una vuelta en sus muñecas. Poco a poco, también rodeó sus tobillos con las cintas, y comenzó a ascender por ellas, mientras, con caricias, las telas iban enrollando todo su perfecto cuerpo en la subida. Era una danza de otro mundo, de una belleza inalcanzable. Él no podía dejar de mirarla ni un solo instante, podría haber estado allí toda la vida sin hacer nada más, absorto, observando cómo la joven perfecta hacía sus piruetas en las telas mientras no dejaba de ascender. Para él, solo para él ¿Quién más había allí? Ella no dejaba de sonreír, él no dejaba de mirarla.
Alcanzó la cumbre, su cuerpo ya estaba rodeado de la blancura de las cintas en toda su plenitud. Se agarraba con fuerza a estas para no caer, hasta que de pronto, se soltó. Comenzó a descender sin control, dando vueltas sobre sí misma, mágicas piruetas, un nuevo espectáculo, solo que mucho más rápido que el anterior, más sorprendente, y más tenso y desconcertante para el que lo observaba. Cuando iba a llegar al final, bajo la atenta mirada del que sujetaba la puerta con su cuerpo, a la espera de un triunfal aterrizaje, desapareció. Sin más, ni un solo rastro quedó de la perfecta figura de mujer que se movía entre las telas. Abatido, resbaló por la puerta en la que se apoyaba hasta quedar sentado contra ella, aun a tiempo de ver cómo las cintas caían del techo y, una vez en el frio suelo de mármol, se desvanecían también, como la chica, como si nunca hubiesen existido. Confuso, sin comprender nada, recordaba perfectamente como ella le dedicaba sus acrobacias y habilidades, recordaba perfectamente cada uno de sus movimientos, sabía que habían pasado, que ya no estaban. Recordó de pronto los gritos del otro lado de la puerta, y los golpes, a los que él no había hecho caso, y que parecía como si le estuviesen pidiendo que abriera. Él había dejado incluso de oírlos cuando la figura apareció. Consiguió ponerse en pie, ya no sujetaba la puerta, la abrió rápidamente, a la espera de encontrarse con aquellos que le habían pedido que lo hiciese. Sin embargó, se encontró con nada, con la oscuridad más absoluta, en la que no había nadie más que él, y el silencio, un profundo y atronador silencio. Asustado como un niño, ya sin voz para gritar al miedo, giró sobre sus talones, pero ya no había puerta.

lunes, 8 de octubre de 2012

A ti que aun no has llegado.



Querido amigo:
Que poco te falta para llegar. Probablemente a todos los que te esperan les parecerá una eternidad. Quizá tú mismo empieces a ser consciente de ti mismo y tengas prisa por ver lo que hay aquí fuera. Desde aquí te aseguro que cinco meses no son más que un suspiro cuando eres grande.
Ya te han escrito una carta, tan corta y tan sencilla que hizo que se me saltaran las lágrimas, de alguien que para ti siempre será muy mayor, y para mí siempre muy pequeña. En esa carta, te deseaban que tuvieses mucha suerte en ese espacio tan grande en el que estás ahora, por eso yo te quiero desear con esta mucha suerte en este espacio tan gigante e infinito al que vas a llegar. Quiero que sepas que cuando vengas te va a asombrar todo, porque todo será nuevo, y eso es maravilloso. Mi consejo es, pequeño, que te asombres muchísimo, que lo curiosees todo, que absorbas el mundo entero desde el primer momento que abras los ojos. Que cuides y respetes cada objeto y cada ser vivo que te encuentres. Que, durante mucho tiempo, no conozcas las injusticias que inundan el mundo, ya tendrás tiempo para eso.
Y es que, mi niño, el mundo al que vienes está muy podrido, lleno de gente que hace sufrir a los demás, egoísta y avara, que querrán hacerte daño. Pero no quiero que tengas miedo, porque igualmente este mundo está lleno de tesoros, de lugares maravillosos, de personas impresionantes, de historias increíbles. Tienes que buscar todas esas cosas siempre, porque existen, y están aquí esperando a que las encuentres.
Pero ahora no es el momento de eso, no aun. Ahora juega, ríe, llora, pregunta, descubre, vive una infancia que muchos querrían, que no se repetirá nunca. No crezcas deprisa, no hay ninguna carrera, te lo dice alguien que lleva viviendo dieciocho años más que tú.
Y cuando crezcas, mira ese lugar, ese mundo más allá del tuyo, y lucha, lucha por cambiarlo, tienes una vida entera para hacerlo, no importa si no lo consigues, lo que importa es que lo intentes. Y no dejes de ser feliz. Habrá veces que te parecerá que el mundo entero te da la espalda, que solo hay canciones tristes, pero no, hay tantas canciones alegres, tantos motivos por los que sonreír. Los irás encontrando poco a poco, tú eres uno de los míos. Los malos momentos vienen y van, pero créeme que siempre hay cosas que no te faltaran nunca, y de verdad, que esto a lo que llegas, la vida, es algo maravilloso.
Pero para todo esto, pequeño, falta tanto… y hasta entonces te pido algo: se el ser más inocente del mundo, y cuando crezcas, no dejes que nada te pare, ni te engañe, ni te impida ser feliz.
Nos vemos muy pronto. Te quiere:

Tu prima mayor.


viernes, 13 de abril de 2012

Carpe Diem, Vive el Momento


Carpe Diem. Vive el momento.
Esta es una de esas expresiones que llevo oyendo toda la vida y que he tardado mucho en comprender.
Primero, la escuchas de pequeño, y no entiendes lo que quiere decir, está en un idioma raro, que desde luego no es el tuyo. Cuando ya creces un poco y alguien te dice “Carpe Diem es latín, quiere decir Vive el Momento”. Ya sabes lo que significa, pero no sabes lo que quiere decir.
Entonces pasa la vida, pasas el colegio, el instituto, la universidad, el trabajo… en todo ese tiempo, te ocurren cientos de cosas, miles de cosas, millones de cosas. Y en un momento dado de ese proceso que llamamos vida, te das cuenta de lo que significa esa frase latina.
Carpe Diem, Vive el momento.
Supongo que, como todo, tendrá diversas interpretaciones, que no significará lo mismo para mí que para el resto de personas del mundo. Lo que yo veo es que, si lo miramos objetivamente y en un todo, la vida no tiene sentido. Me levanto, como, estudio, trabajo, duermo… ¿Para qué? Todos acabaremos en el mismo sitio, es decir, en ninguno. Esto es si lo vemos objetivamente y en un todo, si miramos el futuro más lejano de todos. Por eso yo pienso que no tenemos que hacer esto, tenemos que tener presente que hay un futuro, pero no vivir en él, si no en lo que nos rodea, en el presente, eso que dura un segundo, eso que dura un momento. La vida son momentos, momentos que pasan, personas que cambian. La vida son miradas, la vida son lágrimas, la vida son risas, la vida es todas esas cosas que pasan en un momento, que no duran más. La vida es todo lo que nos sucede ahora, de lo que hay que sacar lo mejor, y aprender de lo peor. La vida es un segundo que se vive, y queda en el pasado para dejar sitio a otro. La vida es un reloj, con una aguja que va corriendo a toda pastilla, y que nunca volverá a pasar por el mismo sitio, que nunca se repite, que solo innova. Entonces, en mi humilde opinión de soñadora, la vida son momentos que pasan deprisa, y que hay que vivir intensamente, vivir cada momento.
Carpe Diem, Vive el Momento.